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  BORDERLAININJAZZ    
    Andrés Bedó    
    PA 4713-2    
         
   
 

Temas

1 - El borderline (3:44)
2 - Ambigüedad en Playa Ramírez (4:47)
3 - Para Art y Bud (2:53)
4 - Una brisa (6:28)
5 - Cheek to cheek con Chik (5:34)
6 - Estate (Bruno Martino) (6:27)
7 - Gracias, Bill (3:40)
8 - Por billerías (1:53)
9 - Los nadadores (Muguerza-De Bellis-Meneses-Bedó) (4:01)
10 - Baião trasviado (6:22)

   
     

Ficha Técnica

Grabado entre invierno y primavera de 2009 en estudios Sondor por Gustavo de León (1,2,3,5, y 9), Estudios Berequetúm por Luis Ravizza (4, 6 y 10) y Estudios Guaná por Andrés Bedó (7 y 8).
Mezclado en Estudios Berequetúm por Martín Berlotto y andrés Bedó.
Masterizado: Andrés Bedó.
Andrés Bedó: piano, Roberto De Bellis: contrabajos acústico y eléctrico, Osvaldo Fattoruso: batería. Invitados especiales en batería a cuatro manos y cuatro pies en 4, 6 y 9: Martín Muguerza y Pablo Meneses.
Producción artística: Andrés Bedó.
Producción ejecutiva: Angel Atienza.
Diseño gráfico y fotografía: Pablo Meneses.

Todos los temas pertenecen a Andrés Bedó, excepto donde se indica.

Este disco es fruto de la iniciativa de A. Atienza sumada al impulso de Silvana Hernández. Frente a la propuesta de hacer un disco en una o dos sesiones como "en vivo", con mentalidad de jazz, "descongelamos" este homenaje al jazz-trío que llevaba varios años esperando, y había contado con el estímulo de Carlos Martins que lo englobó en el concepto de "jazz del sur". Esperamos no defraudar ese cariñoso apoyo y el de todas las personas que colaboraron con esta realización con comentarios, escuchas, o teniendo un concepto muy generoso de su aporte profesional a la misma: Martín Muguerza, Pelao Meneses, Gustavo de León (Sondor), Luis Ravizza y Martín Berlotto (Berequetúm), Laura Canoura, Eduardo Mauris Mauricio Imparatta (Praos).

Corren los años 40 del siglo XX.
En un laboratorio del mundo desarrollado, un científico, uno de tantos, pone a punto armas diseñadas para la destrucción masiva. El hombre comienza a perfilarse como un dios incapaz de crear mundos pero sí de destruírlos.
No muy lejos de allí, otro científico, uno de tantos, pone a punto armas diseñadas para la construcción masiva de belleza y equilibrio. Lo hace en un luminoso laboratorio donde en décadas venideras se puedan seguir creando nuevas y nuevas de esas armas. Su nombre es Nat King Cole.
El laboratorio es lo que hoy llamamos el Piano-trío.
El piano-trío, primero piano-contrabajo-guitarra luego piano-contrabajo-batería, es el resultado en música del poder secreto del “tres”, primera cifra que nos arranca de la soledad del “uno” y del a veces autosuficiente y así insuficiente “dos”.
“En el trío está toda la orquesta” podríamos decir emulando a esos comunicadores amantes de los tópicos. Pero sería mentira. En el trío está el trío. Y es unos de los tantos aportes maravillosos que nos dejó esa música que llamamos “jazz”.
Es entonces que La Tribu presenta “Borderlaininjazz” mirando hacia esos innumerables tríos que generaron en los años 50´ y 60´ el deseo en muchos músicos de llevar ese formato “a su huerto”.
Viva Nat King Cole! Viva Earl Hines! Y Teddy Wilson! Y Art Tatum! Errol Garner! Shearing! Peterson! Ahmad Jahmal! Bud Powell! Monk! Lennie Tristano! Horace Silver! Red Garland! Winton Kelly! Peruchín! Bill Evans! Paul Bley! Chick Corea! Cecil Taylor! Herbie Hancock! Joao Donato! El Trío Fattoruso! Keith Jarrett! Gonzalo Rubalcaba! Johnny Alf! Jean Marie Machado! Stephane Oliva! Washington Quintas Moreno! Paco Mañosa! Joachim Kuhn! Al Haig! Opa! Cesar Camargo Mariano! Tania Maria! Teté Montoliú!

   
     
El borderline… le canta a aquel que está al borde de todo, entre dos abismos cualesquiera, perpetuando ese momento… caminando por el murito… jugando a hacer equilibrio.

Una brisa… nacida en 78 o 79 como “Una brisa después de la tormenta sobre la tumba de John Coltrane”, luego fue “Una brisa después de la tormenta sobre la tumba de J.C.”, luego “Una brisa después de la tormenta sobre la tumba de…”, luego “Una brisa después de la tormenta”, luego “Una brisa después de…”, finalmente “Una brisa”, como si cada vez de las pocas que se tocó, (grupo Baldío), hubiera perdido un trozo de título expresando su escencia: la superación del concepto de improvisación libre como indisoluble del trance, y trance como indisoluble de explosión. La improvisación libre aprende a no descartar lo medible. Lo abarca y se enriquece. De mesiánico sólo quedaba el título y había que acortarlo.
Sin dejar de prosternarme ante el mesiánico mundo del último Coltrane, descubro su coexistencia posible con otros, y no es casual que sea a través de un disco en el que casi todas las composiciones son de mujeres. El autor de ese disco: Paul Bley. En trío, claro.

Ambigüedad en Playa Ramírez …“…ambiguo entender la vida y ver que no se resiste”. Pero ¿es la vida que no ofrece resistencia a ser entendida? ¿es uno que ve que no puede resistir el entenderla?...ambigüedad en Playa Ramírez.

Para Art y Bud… Art llegó de Toledo y los dejó a todos boquiabiertos. Su técnica pianística era tan apabullante que el fluir de notas cobraba un significado completamente diferente al de “veloz discurso”. Sus detractores insinuaban que una percepción enlentecida de ese fluir delataría la vacuidad de su mensaje. Se les escapaba quizás algo más importante que el análisis de ese conjunto de notas de la mano derecha: el ambiente sonoro. El ambiente-Art bañó a Bud y tocó su alma ya lastimada de un deseo que trascendía el swing, el baile, la explícita funcionalidad de la música… Bud se sintió desafiado por la técnica de Art. Tratando de encontrarlo se encontró a sí mismo. Encontrándose a sí mismo encontró también a Art en sí. Eso se llama amor.

Gracias Bill… Mi abuelo materno venía a menudo a visitarnos. Yo, como todo nieto, lo adoraba. Solamente de mayor comprendí que nuestra relación tenía una peculiaridad: nunca crucé una sola palabra con él. No recuerdo su voz ni que se haya dirigido jamás a mí. Sí, apenas, al entrar, a mi madre. Nos daba un caramelo o un minúsculo merenguito a cada nieto y se sentaba en silencio en el sillón. Yo lo atesoraba en algún altar improvisado en la biblioteca- debía refrenar mi ansiedad hasta después del almuerzo-y ese merenguito se transformaba en una suerte de ostia: era mi abuelo, en él se concentraba toda mi relación con él y toda mi adoración. De alguna manera se pasaba el rato y terminaba comiéndolo. Es ahí que me percataba que mi abuelo se había desvanecido, ya no estaba. Pasaron los años, infinitos caramelos, infinitas horas de dentistas también… Mejores caramelos he sacado de una copa mientras el conserje de un hotel ha tomado mis datos para dejarme pasar una noche en alguna ciudad donde arrastré mi culpa por haber tenido tantos caramelos en un mundo en el que los mayores me achacaban que “¡teníamos que caminar tres kilómetros bajo la lluvia para conseguir un caramelo!” y uno sin poder preguntarles “¿y nunca los partía un rayo en esos tres kilómetros?”y así a fuerza de soportar el resentimiento uno se disfraza de mayor y se descubre así apto para la venganza y así les digo a los jóvenes cómo ahorré varios meses para encargar un LP a Estados Unidos y cómo esperé varios meses a que llegara, y lo peor, cómo esperé en el viaje desde la Ciudad Vieja hasta el Cordón, mirando en la tapa a ese señor engominado, blanco, de lentes, lo anti-jazz, del que apenas sabía algo, y mucho peor aún cómo esperé desde la parada de ómnibus hasta mi casa para romper el celofán y bañarme en el olor a cartón dulce que salía de la tapa. Al poner el primer tema recibí el impacto de las, literalmente, dos primeras notas de un tema llamado My Foolish Heart. En esas dos notas se resumía toda la obra de ese músico. Se llamaba Bill Evans y compuse una balada dedicada a él. Pocos años después murió al igual que Thelonious Monk y sentí una curiosa sensación de pérdida o abandono por culpa de éstos señores. Adelantándome a la necrofilia musical actual le puse a mi balada Bye bye Bill pero, por suerte, a tiempo me dí cuenta que mi balada había sido una bienvenida y no una despedida y le cambié tan espantoso nombre.

Por Billerías… Con el acorde final de Gracias Bill surge un impulso “fuera de programa” de jugar un poco con un aire vago de valsecito-bulerías.

Cheek to Cheek con Chick… Por mediados de los 70s llegó a mis manos uno de los tantos discos que estaban haciendo de bisagra de los jóvenes con el jazz, tal como Piazzolla lo estaba haciendo con el tango. Era de Return to Forever. Aunque su complejidad no me atrajo, es así como llegué a algo mucho más rico y amplio: Chick Corea. Para conocer su mensaje musical basta su nombre… escrito o pronunciado en español

Los Nadadores…No es lo mismo “dar nada” que “no dar nada”. No es lo mismo “no dar nada” que “no dar”. “Dar nada” es dar ese algo que es nada y “no dar nada” es no dar ese algo que es nada, mientras que “no dar” es no dar. Siempre nada es algo. Y ese algo, nada, puede ser algo bueno, una nada llena de todo, o malo, una nada llena de nada. Unos músicos coquetean con la nada. Tratan de abrir una brecha en algo para que cante nada y en definitiva, ese algo es el tema…y dura…

Estate… Solamente en Italia podía nacer una melodía como esa, y ya que estábamos en Italia surgió un pequeño saludo a Mina a través de la cita a Signora piú che mai

Baiao Transviado… En un mundo naufragante en lo competitivo nace esta música del capricho de lograr un virtuosismo no-agresivo, que empuje al músico a la excitación y la alegría más que a la demostración o las caras serias y desafiantes. Compuesto en los 90s pensando en Osvaldo Fattoruso y en algún proyecto de músicas con cierta exigencia técnica y próximas al jazz…
   
           
         
     
©Pablo Meneses